No soy ateo. Los ateos aún discuten con Dios.
Yo ya lo dejé hablar solo.
No me fui de Cristo.
Me fui de los que lo secuestraron, lo vistieron de oro y lo pusieron en una vitrina a cobrar entrada.
Porque me di cuenta:
Me crearon enfermo para venderme la cura.
Me inventaron el pecado para venderme el perdón.
Me amenazaron con un infierno para que nunca me atreviera a buscar mi propio cielo.
Y yo les creí.
Hasta que entendí.
Un Dios que necesita templos, no es Dios. Es inmobiliaria.
Un Dios que necesita diezmo, no es Dios. Es negocio.
Un Dios que te pide que lo ames o te quemará por siempre, no es amor.
Es un maldito psicópata.